Reflexiones desde el Grand Canyon (Arizona)

Esta mañana cuando he visto el Grand Canyon me he emocionado de alegría. Cómo cuando terminé el Maratón de San Sebastián, o cuando mi hijo Joel encestó su primera canasta en un partido, o como cuando llegué a la cima del Toubkal con Abdellaziz. Así, como saliendo de dentro y por sorpresa.

A Pato la conocí en la Quebrada de Humahuaca. Ayer me envió un mensaje contándome su experiencia con los indios hopi y los navajo y para decirme que ella tampoco sabía que el Grand Canyon estaba en Arizona.

La naturaleza siempre tiene un efecto balsámico sobre mis heridas. Algunas veces las cura, otras, la mayoría, las adormece y con eso me basta.

Vi en sus ojos algo que había de ver una y otra vez en todas las regiones del país: un ardiente deseo de irse, de marchar, de ponerse en camino, hacia cualquier sitio, lejos de cualquier Aquí. Los visitantes hablaban quedamente de que querían irse algún día, andar por ahí, libres y desligados, no camino de algo sino alejándose de algo. Vi esta mirada y oí este anhelo en todas las zonas de todos los estados que visité. Casi todos los estadounidenses están deseando irse. John Steinbeck.

Debe de ser difícil la profesión de ángel. El mío tiene un curro que no se lo termina. Espero un día tenerlo delante y darle las gracias. Y darle más. Y dárselo todo.

No había  sabido nada del Chino desde la mili. Ni de él, ni del Mono, el Cuatrodías, el Canijo, el Guaje… Estoy contento de haberlo encontrado y que disfrute viajando conmigo.

El Grand Canyon acojona de lo grande que es. Y nosotros siendo tan pequeños, la de vueltas que le damos a todo.

Joder! Que me afectó tanto el Siddhartha con 14 años y hasta ahora no me lo saqué de encima. 

¿Y tú qué quieres ser de mayor? Quiero  trabajar en una fábrica de bolígrafos (imagino que pensaba en BIC), jugar al dominó en el bar de la esquina y comprarme el Mundo Deportivo los lunes. Creo que ya intuía que no iba a ser del todo normal. Eso fue antes de leer a Hesse, claro.

Y que nadie rece por mí, que yo no quiero sus plegarias, quiero sus besos.

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4 respuestas a Reflexiones desde el Grand Canyon (Arizona)

  1. fernando dijo:

    Me alegré mucho cuando dí contigo a través de facebook,y cada día que pasa más por tu fantástico blog.Tienes razón la madre naturaleza tiene eso,deja el alma reducida ,pequeña como la partícula de Higgs.Los pueblos que habitan los grandes monumentos naturales como los Andes, los Himalayas ,el Gran Cañón etc…no dejan de sentir otra cosa sino magia,religión,filosofía, ante la gran maravilla de la naturaleza. Trusky,espero que el viaje te cure parte de las heridas.Que tengas felices fiestas y un fuerte abrazo.

    • Sergi dijo:

      Yo también me alegré mucho de que me encontraras. Tus aliento y tus ánimos me han hecho mucha compañía durante muchos días. Y para el que viaja sólo, estos detalles son muy importantes y necesarios. Muchas gracias, Chino. Un abrazo muy largo y que pases unas felices fiestas.

  2. Francesc Carrasco Escoda dijo:

    Petons Sergi, petons. EL PACO CARRASCO

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