El Lipez

Primer día en el Tour al Lipez

La primera vez que oí hablar de la región boliviana del Lipez, fue en San Luís (Argentina) allí un francés al que acompañe a la terminal del colectivo, me comentó que había sido lo más espectacular de su viaje. A partir de ese momento fueron muchos los que me hablaron de ello. A medida que he ido acercándome a la zona he ido encontrando gente que venía de allí, y todos coincidían en su majestuosa belleza. 

Ingredientes: 6 viajeros. Vale (Francia) a ella la conocí dos días antes en Potosí, junto a Pato (Argentina) y Kika (Eslovaquia) el día que probé por primera vez la sopa de quinua y la carne de llama. Andrés (Ecuador) coincidimos en el mismo hostel. Al resto los conocimos la misma mañana de la partida. Ed (UK) lleva un mes viajando con su bicicleta por Bolivia. Rui (Portugal) un año viajando por el mudo y José (Portugal) su amigo de siempre que le visita para sus vacaciones. Un chofer, Juan, como casi todos los bolivianos, persona de pocas palabras pero buen conocedor de la zona. Un auto, Toyota Land Cruiser. Frío, viento y la majestuosidad del Lipez.

La primera visita fue al cementerio de trenes. Allá fueron a parar los trenes que comunicaban las minas de plata de las montañas cercanas a Uyuni con Chile. La plata se terminó y los trenes fueron abandonados en los áridos predios de las afueras de la ciudad. Ni siquiera pudieron ser llevados a una fundición, pues no existe ninguna en Bolivia.

El salar de Uyuni. El mayor salar del mundo se formó cuando el crecimiento de los Andes aisló una porción de océano. Con más de cien kilómetros de diámetro, las distancias se pierden y se confunden en su inmensidad completamente llana, brillante, blanca y parcialmente cubierta de agua.

En mitad del salar, la Isla del Pescado o Incahuasi. Una elevación rocosa cubierta de coral fosilizado  y cactus, muchos con más de mil años de antigüedad,  sirve como la mejor atalaya para contemplar el increíble paisaje. Al caer la noche nos alijamos en un refugio construido, en su totalidad, con bloques de sal. Situado a las afueras de San Juan. Una vez instalados decidimos llegarnos al pueblo. Los lugareños, coincidiendo con el solsticio del invierno estaban realizando una ofrenda a Pacha mama. No estuvimos demasiado tiempo. Hay lugares dónde a uno no le pertenece estar y este era una ellos.

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