La liberación

 

Un paso decisivo fue liberarme del trabajo.

El día que me despidieron me sentí libre. Y cada día que pasa, estoy más contento de haber propiciado mi despido. A veces, las decisiones que se toman a nuestro alrededor, se convierten en los principales motores de cambios importantes.

Puedo darles las gracias, señores de Ona electroerosión S.A., por muchas cosas, pero sobre todo por decidir despedirme. Me facilitaron un respiro económico suficiente para que pueda creer en mis sueños.

Mi trabajo representaba una losa cada día más pesada. No siempre fue así, durante muchos años me sentí a gusto y realizado profesionalmente. Pero llegó el momento donde cada día que pasaba me hundía un poco más en la apatía, el aburrimiento y la desilusión. No aguantaba ni un minuto más. Me estaba convirtiendo en una persona deprimida y triste. Me sentía un inútil.

Los últimos días de trabajo, recuerdo que me costaba levantarme a las 8h, hora totalmente tardía si pretendía llegar puntual al trabajo (cosa que no pretendía). El primer día sin trabajo a las 5,30h de la mañana, ya estaba haciendo cosas, con una actitud nueva, alegre e ilusionada. La mañana de cada nuevo día volvía a darme la bienvenida y yo le respondía con una taza de té y una sonrisa.

Otro sueño:

No volver a trabajar en nada que no me guste, y si puedo, no volver a trabajar únicamente por dinero.

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